Uno de los momentos más destacados de la historia del rock fue el día que Jimi Hendrix se encontró por primera vez con Eric Clapton

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Dos iconos que han protagonizado las páginas de la revista This Is Rock, Jimi Hendrix en su número de enero de 2026, y un hito del que se ha hablado hasta el cansancio y del cual siempre se representa más o menos de la misma manera: Hendrix asiste a un concierto de Cream, pide que lo dejen tocar, sube al escenario y barre con Clapton. Si bien en esencia el acontecimiento puede resumirse de esa manera, el evento tiene sus antecedentes, además de que resulta más cautivante cuando es recordado por los implicados.

Para cuando Hendrix llegó a Inglaterra, en la segunda mitad del año 1966, Eric Clapton ya era toda una estrella. El ascenso de Clapton como figura de la guitarra fue vertiginoso. Su paso por The Yardbirds (su primera banda importante), le trajo los primeros reconocimientos, lo cual ayudó para su llegada al grupo de John Mayall, The Bluesbreakers.

Como miembro de esta agrupación, a Clapton se le reconocía como un genio de la guitarra. Apenas tenía unos meses en la banda y en una de las paredes de la estación del metro de Islington, se podía ver un grafiti que proclamaba: “Clapton es Dios”. Consigna que tomó aún más revuelo con la publicación del álbum ‘Blues Breakers With Eric Clapton’, del cual el guitarrista expresaría: “Fue el disco clave que me dio a conocer de verdad al público”.

Con nuevas miras en el horizonte, Clapton abandonó The Bluesbreakers para formar Cream, un trío de poder junto con Ginger Baker y Jack Bruce. Habían pasado acaso tres años desde que Clapton firmó con The Yardbirds a finales de 1963, su arribo en 1965 con The Bluesbreakers, y la puesta en marcha oficial de Cream a mediados de 1966, cuando sobrevino el encuentro con un desconocido Jimi Hendrix. En su autobiografía, Eric Clapton, hace vividos los recuerdos del suceso: “[El 1 de octubre de 1966], nos contrataron para tocar en el Central London Polytechnic, en Regent Street. Yo estaba haciendo tiempo con Jack en los camerinos cuando apareció Chas Chandler, el bajista de The Animals, acompañado por un joven negro estadounidense al que presento como Jimi Hendrix. Chas nos informó de que Jimi era un guitarrista muy brillante y de que le gustaría unirse a nosotros en un par de temas. Me atrajo su pinta y pensé que parecía saber lo que se hacía. Nos pusimos a hablar de música, y a él le gustaban los mismos bluesmen que a mí, con lo que me tuvo totalmente de su lado”.

“Jack no puso tampoco ningún reparo, aunque me parece recordar que Ginger era algo hostil a la idea. Jimi quería tocar una canción de Howlin’ Wolf titulada ‘Killing Floor’. Me pareció increíble que la supiera porque es un hueso muy duro de roer. Jimi la interpretó justo como debe hacerse y me dejó estupefacto. La mayoría de los músicos suele contenerse cuando interviene en la actuación de una banda que no es la suya, pero Jimi fue por todas. Tocó la guitarra con los dientes, por detrás de la cabeza, tirado en el suelo, despatarrado… todo el repertorio”.

“Era asombroso, y la música era espléndida, no simple pirotecnia. No dejaba de resultar asombroso hallarse justo al lado de algo así. El público asistía al espectáculo completamente alucinado por lo que veía y oía. Todo el mundo estaba tan encantado como yo, aunque me recuerdo pensando que aquella fuerza de la naturaleza era algo a tener en cuenta, y eso me asustaba porque estaba claro que Jimi iba a convertirse en una gran estrella: él ya iba a toda marcha mientras nosotros aún estábamos ajustando la velocidad”.

Ese momento histórico del rock al cual me gusta referir como “El día en que dios conoció el infierno”. En el entendido de que a Clapton se le denominaba “Dios” y Hendrix le hizo ver su suerte por medio de un tema de blues, la conocida música del diablo. El suceso que describió el escritor Charles Shaar Murray, como el día en que Hendrix “mató a dios”.

Un evento que Hendrix vivió como un simple pestañeo, un pasaje más en su trayectoria. La fulminación de otra alma bajo el fulgor de sus líneas de guitarra. A diferencia del reconocimiento creciente de Clapton, Hendrix hasta aquel momento del encuentro era un semidesconocido. Un trotamundos que había deambulando por todo Estados Unidos en busca de ganarse la vida como músico.

Tras licenciarse del ejército a mediados del año 1962, Hendrix lo mismo pulió su habilidades tocando en cafés, clubs y la calle, que como miembro de un sinfín de agrupaciones. Ya con un reconocimiento creciente, su habilidades lo llevaron a cruzar su camino con nombres como: The Isley Brothers, Little Richard, Curtis Knight & the Squires, King Curtis, Joe Dee & The Starlighters y John Hammond Jr. Pero sería hasta el año 1966, que la estrella de Hendrix empezaría el ascenso. A inicios de aquel año conformó Jimmy James & Blues Flames, en palabras de Hendrix, “la primera banda de verdad que monté yo solo…”.

Poco después, Chas Chandler (bajista de The Animals), pudo verlo sobre el escenario, extendiendo en seguida una invitación para ser su manager y viajar a Inglaterra. Hendrix arribó a Inglaterra el 23 de septiembre de 1966, y días más tarde se dio el encuentro con Clapton. En el libro “Starting At Zero”, se retoma la vivencia de Hendrix del concierto: “La primera vez que toqué la guitarra en Inglaterra fue con Cream. Me gusta como toca Eric Clapton. Sus solos suenan como los de Albert King. Eric es genial. Y Ginger Baker es como un pulpo. Es un baterista nato. Cuando lo ves en acción, lo único que ves son brazos y piernas”. Ésas fueron las reminiscencias de Hendrix, una experiencia más en los inicios de su ascenso al estrellato.

A la distancia de los años transcurridos, la llegada de Hendrix a Inglaterra debe tomar su justa dimensión, la cual va más allá de “El día en que dios conoció el infierno”. Como bien apunta Ron Wood en sus memorias: “En la época de la invasión británica de Estados Unidos, cuando las bandas inglesas con The Beatles y The Stones a la cabeza desembarcaron en el continente americano, Jimi hizo justo lo contrario. Él invadió Inglaterra, y en cuestión de poco tiempo se convirtió en una estrella a escala mundial.”
Christopher Rangel


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