El Berkeley Folk Music Festival representó la contracultura de los 60, folk tradicional y blues eléctrico con nombres clave como Country Joe and the Fish, Steve Miller…

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El Berkeley Folk Music Festival de 1967 fue un Golden Gate Bridge soñado y materializado por el guitarrista Barry Olivier, que intentó conectar las vibraciones contraculturales que temblaban en el barrio de Haight-Ashbury de San Francisco con las ganas de despertar de buena parte del orbe terráqueo en ese instante.

Empujaba a Olivier una predicción, una visión: “1967 va a ser el año de la revolución”. Porque las mentes en las que había prendido el fuego de la revuelta folk ahora recibían en sus carnes los primeros cortocircuitos del rock eléctrico.

Luego en Olivier había un sencillo puente lingüístico: “Free” en inglés es “libre” y “gratis”. Así que un festival libre tenía que guardar esa idea de la gratuidad. Porque si quitas la tensión de tenaza de una entrada pagada (que al cabo puede degenerar hasta esas siglas, VIP, de “Viles Impúdicamente Pudientes”), lo que obtienes luego es un ambiente relajado.

“Los festivales de folk en el campus de la UC Berkeley estaban organizados por un maravilloso profesor de guitarra, Barry Olivier, quien también me dio mis primeras lecciones de guitarra. Vi a Pete Seeger, Jesse Fuller, Mance Lipscomb, Lightnin’ Hopkins, Sam Hinton, Alan Lomax… aquello no eran solo conciertos: eran una educación. Estaba fascinado por todo aquello. Esos festivales de folk fueron enormemente gratificantes; simplemente, fueron la base para mí” John Fogerty, Creedence Clearwater Revival

Un arco iris de paz, porque la gente viene atormentada de casa ya lo suficiente. Olivier recopiló una larga lista de ideas conceptuales para hacer diferente el Berkeley Folk Music Festival de 1967. Estas incluían: más eventos con entrada gratuita; llegar a los sectores infrarrepresentados con entradas gratis; usar más flores para la decoración; más citas de baile y “entradas gratis para hippies”; un “happening filosófico-religioso dominical”; traer a héroes de la lucha popular como el líder sindical de San Francisco, Harry Bridges, y el intelectual afroamericano LeRoi Jones (Amiri Baraka); proyectar películas con los Beatles; y poner en el cartel a artistas afroamericanos más jóvenes, así como a músicos folk veteranos, los llamados “redescubiertos”.

Otra idea muy chula de Olivier: “Iniciar con artistas más exóticos o novedosos, para que el público pueda apreciarlos mejor al no haber escuchado antes un tema ‘estándar’… Olvidar la antigua estructura de un festival: mente libre para encontrar el camino correcto”.

Olivier reunió a una fascinante plétora de artistas en esa edición de 1967 de un festival que se había iniciado en 1958. Figuraban en el cartel cantautores jóvenes como Janis Ian y Richie Havens, así como las electrizantes James Cotton Blues Band de Chicago y Steve Miller Blues Band de San Francisco. Y también acudieron los folk rockeros locales Country Joe And The Fish, “veteranos” de la escena folk de Berkeley que ahora tenían un contrato discográfico y una creciente fama.

Entre las propuestas más exóticas, aparte del chirrido sinigual de los tejanos The Red Crayola (en esa ocasión reforzados por John Fahey), Crome Syrcus, de Seattle, mezclaban hard rock con música clásica. Crome Syrcus habían trabajado con el coreógrafo de origen italo-afgano Robert Joffrey en la ‘Opus ’65’, una partitura orquestal que con el tiempo se convertiría en el ballet ‘Astarté’, estrenado en otoño de 1967.

Astarté, deidad sumeria de la fertilidad, el amor carnal y la maternidad, con el tiempo se tornó una diosa guerrera. Retomamos el nombre de Janis Ian, otra Janis como aquella a la que Country Joe & The Fish dedicaron una fabulosa canción. En 1967, la adolescente Ian tuvo uno de los éxitos más ampollosos del momento: ‘Society’s Child’.

Ian en esta canción, desde la dulzura irresistible de la melodía, se metía en la pelea de describir una relación interracial. Muchas emisoras de radio boicotearon la canción, plegándose a una campaña orquestada en su contra. Curiosamente, fue el director de batuta Leonard Bernstein quien se quedó atrapado por la canción (también por la música, llena de soniditos atrevidos como los del clavecín).

Bernstein se mojó para que esa canción no terminara sepultada por los orquestados de siempre. Y el afamado director invitó a Ian al programa de televisión que presentó en ese 1967: “Inside Pop: The Rock Revolution” (CBS). En ese programa tan único, Bernstein por ejemplo debatía sobre las aportaciones musicales de los arreglos de los Beatles. Salían Frank Zappa, Byrds y Canned Heat hablando sobre la subversión social del rock. Y Brian Wilson aparecía solo al piano y voz (y candelabro) para presentar una brutal ‘Surf’s Up’.

Una juvenil Janis Ian pudo interpretar allí su “escandalosa” ‘Society’s Child’, y Bernstein calificó la canción de “maravillosa”. El Poltergeist televisivo funcionó, y desde las pantallas penetró en los hogares USA un aluvión de modernidad, una encarnación de los peores fantasmas para algunos, y eso aupó la canción hasta el Top 20 estadounidense en ese 1967 de la primera edición roquera del Berkeley Folk Music Festival.
Ezequiel 
Fotografías: Barry Olivier_The Berkeley Folk Music Festival Archive


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