Ritchie Blackmore, genio de la guitarra y carácter indomable, una fascinante personalidad y el carácter único de un Rebelde con Causa.

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A lo largo de su larga y productiva trayectoria artística, Ritchie Blackmore ha demostrado ser tan genial en su faceta musical, como difícil en la personal. Su carácter siempre ha sido fuerte y poco dado a rehuir confrontaciones. Y cuando hablo de confrontaciones, me refiero a cualquier situación conflictiva con quien sea.

Ni siquiera las discográficas estaban a salvo de su látigo. Preguntado en 1981 sobre la posibilidad de que ya tuviese compuesto algún material nuevo, esto es lo que contestaba: “Cuando estoy de gira tiendo a convertirme en una especie de zombi. Solo soy creativo cuando estoy en casa, cosa que sucederá en diciembre, así que, con suerte, para enero habrá algún buen material. Me niego a entrar al estudio de grabación para hacer algo que satisfaga los planes de la compañía. Cuando me fui de Deep Purple, una de las cosas más claras que tenía en mi cabeza era que en mi nuevo contrato quería un máximo de un álbum por año. En los Purple querían que hiciésemos tres al año. Por eso los que se publicaban tras el primero eran sub-standard”.

El bueno de Blackmore no perdía oportunidad para atizarle a Deep Purple: “Estoy muy satisfecho de haberme ido cuando me fui. Fue genial largarme en ese momento, ya que la banda había empezado a patinar. David y el resto habían comenzado a tomar una dirección muy soul. Yo quería una banda de rock ‘n’ roll, no una banda de funky soul”.

Sin embargo, cuando se le preguntaba por una posible reunión de Deep Purple con él en la formación, es decir, lo que sería una reedición del Mark II, junto a Gillan, Paice, Glover y Lord, se mostraba más interesado: “Quizá lo haga. De hecho, puede que hablemos de ello en un futuro cercano, pero tendría que hacerse por los motivos correctos. Hablo con mucha gente que me dice que le gustaría ver a la banda de nuevo, pero no sería para grabar triples álbumes en directo, ni cosas así. Tampoco creo en hacerlo solo por dinero. Lo haría con la formación adecuada: Roger, Ian, Jon y Gillan y, si funcionase, podríamos pensar en grabar un álbum creativo en un estudio. Sería divertido, pero no me gustaría que interfiriese con Rainbow”. Como es bien sabido, sucedió en 1984, dio lugar al excelente ‘Perfect Strangers’ e interfirió con Rainbow, ¡vaya si interfirió! Supuso el final de la banda, nada más y nada menos.

La rebeldía de Ritchie Blackmore se veía también en su propio arte a la guitarra. La crítica especializada lo diferenciaba, como guitarrista, de otros genios del instrumento como Hendrix, por ejemplo, argumentando que Ritchie se centraba en asimilar ideas de la música clásica y trasladarlas al formato rock. Ante eso, Blackmore se mostraba categórico: “Exactamente eso es lo que intento hacer. Utilizo escalas y progresiones de la música clásica. Mis partes de guitarra, usualmente son similares a las partes del violín clásico. No las copio, pero sí que estoy influido por ellas. Me gusta escuchar las escalas que los violines utilizan en las orquestas de música clásica”.

Al mismo tiempo, renegaba de lo que se hacía en el rock de principios de los 80: “Habiendo tocado durante veintiséis años, no disfruto demasiado ahora escuchando el rock ‘n’ roll”. Reconocía que sus principales influencias eran Bach y Beethoven, pero rechazaba que Wagner también lo fuese: “No. Wagner es demasiado pesado. Estoy más influido por la gente del Barroco y por Handel. También me gusta algo de la música renacentista y de la medieval. Creo que mucha de la música del siglo dieciséis podría utilizarse en el rock ‘n’ roll, ya que es muy similar en muchos aspectos”. A nadie ha de extrañar, a tenor de estas palabras, el proyecto Blackmore’s Night.

En cuanto a lo que le gustaba escuchar, también es propio de un rebelde del rock, ya que no tenía nada que ver con dicho tipo de música: “Principalmente escucho recitales de órgano, sobre todo en iglesias. Tienen una majestuosidad que me deja clavado en el sitio, mientras que con el rock ‘n’ roll a menudo me pregunto: ¿Para qué? La música sacra me hace sentirme orgulloso de ser parte del mundo de la música. Tiendo a alejarme del rock ‘n’ roll y de la gente vinculada con dicha música en general. Encuentro que no tengo nada en común con ellos”.

Cuando se le preguntaba a Blackmore por la americanización de su sonido, éste contestaba con una extraña diplomacia en sus palabras: “Nos hemos americanizado en cierto modo. El último álbum es mucho más pulido, pero no me gustaría perder a los fans de Inglaterra. Creo que hay un límite, probablemente, en lo bien que podamos funcionar en América, ya que tenemos un sonido muy europeo. Para triunfar en América tienes que tener una base country o blues. Creo que Queen es la única banda que no tiene eso y ha podido funcionar realmente bien allí”.

Y nuevamente mostraba su ramalazo rebelde, en esta ocasión contra su propio país: “No sé cómo la gente puede sobrevivir en Inglaterra. Supongo que es porque somos un pueblo muy testarudo. Es como vivir en trincheras”. Y remata con otra crítica, en este caso a las aduanas: “La gente de Aduanas es lo peor. Te guardan rencor por haber salido del país. Una cosa es que te repriman por haberte drogado, pero odio cómo reprimen a la gente que ha estado en España y trae una botella de vino de más o algo así. Es repugnante, me da mucha pena. Odio cómo la gente siempre está ansiosa por desprestigiar a Inglaterra”.

Así era Ritchie Blackmore, un tipo que no dudaba en meterse en jardines de todo tipo y cuyo carácter rebelde y difícil provocaba enfrentamientos de lo más insospechado. Hay que aceptarlo como era y como es, ya que probablemente no hubiese sido el genio que es, sin ese carácter y personalidad.
Fran García

0 This Is Rock 260 Febrero 2026 Revista Magazine thisisrock

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