Viaja a 1970. Cuando el heavy metal no era un género, sino una advertencia que nadie quería escuchar.
Un chaval obsesionado con “Stranger Things” rebusca en el trastero familiar buscando viejos cómics y cintas VHS. Entre cajas de cables, pósters enrollados y vinilos polvorientos de su padre que fue rockero militante en los setenta, aparece una revista ajada. La portada le detiene en seco: Jon Lord, majestuoso tras el Hammond, encabezando un reportaje de Deep Purple. El papel amarillento, el diseño vintage, el olor a tinta antigua… aquello no es atrezzo de serie; es historia real.
Es el número 91 (noviembre de 1970) de Beat Instrumental.
El chico pasa las páginas con curiosidad arqueológica. Eric Burdon & War, Focus, Atomic Rooster, The Move… y entonces, el impacto: una entrevista a Black Sabbath sobre su nuevo disco, ‘Paranoid’. No lo sabe aún, pero acaba de abrir una cápsula del tiempo al Big Bang del heavy metal.

El documento de 1970
La entrevista muestra a unos Black Sabbath eufóricos tras el éxito fulminante de ‘Paranoid’, un álbum grabado prácticamente a contrarreloj. Bill Ward lo explicaba sin épica artificial: “Hicimos el tema del título en unos diez minutos; prácticamente de un tirón. Todo el disco solo tardó unos pocos días en producirse”.
Leído hoy, en plena era de producción digital milimétrica, el contraste es brutal. En 1970 no existían infinitas pistas ni edición quirúrgica. El peso no estaba en los bits, sino en la presión del aire.
Tony Iommi lo expresaba con claridad meridiana: “La música heavy como la nuestra gana mucho peso gracias al volumen”. No era pose. Recordaba cómo, ensayando en un establo de Gales, tocaron tan fuerte que las tejas del tejado empezaron a agrietarse y caer. El volumen no era estética: era física aplicada.
Crónica de una era salvaje
En aquellas páginas, Sabbath todavía tenía que defenderse de acusaciones místicas y fantasías oscurantistas. Un joven Ozzy Osbourne bromeaba sobre sacrificar vírgenes mientras celebraba la posibilidad de grabar lejos del caos londinense: “Podemos ir y mear por los campos si queremos… abierto y libre”.
El artículo también desvelaba que el álbum iba a titularse originalmente ‘War Pigs’, de ahí el guerrero con casco en la portada. Pero entre la tormenta eléctrica de riffs y distorsión, la revista señalaba una anomalía: ‘Planet Caravan’, descrita como una pieza “2001-ish”, evocando la atmósfera cósmica de la película de Kubrick.
Incluso en su momento más pesado, Sabbath ya insinuaba que el metal podía mirar hacia las estrellas.
El mensaje tras el ruido
Lo más revelador del documento no es la anécdota de las tejas rotas, sino la reflexión de Iommi sobre la incomprensión del público. Comparaba la recepción de su música con el musical “Hair”: “Todos van a verlo, escuchan las canciones y ven el baile, pero muy pocos se dan cuenta de cuál es el propósito y el mensaje real”.
En 1970, el noroeste de Inglaterra era su bastión, con seguidores viajando desde Birmingham hasta Cumberland para verlos en directo. Eran cuatro tipos de clase obrera alterando las leyes del sonido sin saber que estaban fundando un género.
El chaval deja la revista en el trastero, todavía con la imagen de Jon Lord en la portada y las palabras de Sabbath resonando en la cabeza. “Stranger Things” recrea la estética. Pero esto —el volumen, el sudor, las tejas cayendo— fue real.
Y en esas páginas de Beat Instrumental, noviembre de 1970, el heavy metal todavía no era una etiqueta. Era una detonación en curso.
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