A la par que los vientos de protesta hippie, el funk canalizó la rabia y el hedonismo del momento. Eran los tiempos de Martin Luther King y Malcolm X. Y bandas como Funkadelic querían hacer bailar los cuerpos, sabiendo qué es estar en la línea de fuego

This Is Rock, This Is Metal, Especiales a la Venta

En el levantisco totum revolotum de los sixties, una de las mezclas más chulas fue la de las Panteras con MC5. Panteras Blancas que se asociaban con las Panteras Negras, y con ese gesto roquero insuperable que justifica todos los puños de cuero del rock: los atletas Tommie Smith y John Carlos en los Juegos Olímpicos de México de 1968.

Funkadelic es la banda que tal vez mejor encarna esa olla a presión contra un mundo podrido. Esa olla a presión contra la Opresión. La banda de George Clinton se confirmó, tras su debut homónimo, con un disco como ‘Free Your Mind And Your Ass Will Follow’ en 1970.

Según Clinton, el disco se grabó en un solo día, en un solo viaje de ácido conjunto. En la portada, una diosa Astarté era una cabeza que volaba con los brazos. Y en la galleta interior, el culo danzón era proto-twerking. En el disco de 1971 ‘Maggot Brain’, la modelo Barbara Cheeseborough mostraba que tal vez la única forma de liberar la mente era con la boca abierta del grito. La guitarra de Eddie Hazel en el corte titular instrumental de ese disco es uno de los hitos de guitar hero definitivos de la historia del rock. Luego ‘Super Stupid’ toca a rebato Black Sabbath.

Esa “mente de gusano”, hay que decir, está también en la lombriz subversiva que narra la historia en la novela “El Viaje Íntimo De La Locura”, de un pantera extremodura como Roberto Iniesta. Volviendo a Funkadelic, en su siguiente disco ‘America Eats Its Young’, de 1972, es cuando la inspiración insurgente y herida estalla con una obra desparramada. La portada, con ese Saturno Libertad que devora a sus hijos, también tiene su correspondencia sureña en la cubierta de ‘Hijos Del Agobio’ de Triana. ‘America Eats Its Young’ es un disco doble, experimental y enciclopédico, con unos músicos negros haciendo lo que les daba la gana. Escupiendo tradición y metamorfoseando los estilos musicales que había parido esa comunidad oprimida como si fueran dioses griegos.

Con esa máquina del odio llamada Vietnam como centro de tinieblas, Funkadelic no hacían prisioneros en lo artístico. Para en lo sustancial, en el compromiso valiente contra los que te dañan, liberar todas esas ataduras mentales y esos miedos neutralizadores. Nada de neutralidad ni tibieza en un conjunto de canciones con títulos como ‘Everybody Is Going To Make It This Time’. Un lema que explota al final como ese “O todos a la vez o todos o ninguno” de la genial ‘Islero, Shirlero O Ladrón’ de Extremoduro.

Funkadelic en su revuelta se metieron en remolinos polémicos. La sangre ensucia en la pelea, vamos. Y los de George Clinton se vincularon con la Process Church Of Final Judgement, una organización esotérico-ocultista (secta, resumiendo) que, según se cuenta, tenía vínculos con la Familia Manson, entre otros satanes.

En este controvertido ‘America Eats Its Young’, se mantiene la psicodelia de álbumes anteriores, pero se adopta un tono bastante más duro, y la producción es más sofisticada. ‘A Joyful Process’ son seis minutos de funk instrumental a pelo, y el nuevo bajista Bootsy Collins manda en la contundente ‘Balance’, que habla sobre la Madre Tierra y sus sufrimientos en la época. El guitarrista Eddie Hazel brilla como el solo en la lenta y groove ‘Miss Lucifer’s Love’. Todo el disco tiene también el subtexto de la heroína.

Otro campo de batalla en el que la juventud termina devorada. Pero el disco concluye con ‘Wake Up’. Despierta. “Funkadelic trascienden la ceremonia y el ritual de la religión y llegan directos a la esencia: a veces hay que perder la cabeza para encontrar el alma”, afirmaba el anuncio impreso de ‘America Eats Its Young’.

En 1972, también sale ‘Times Have Changed’ de The Impressions, banda que había liderado otro figura como Curtis Mayfield. El disco comienza con ‘Stop The War’. En la foto de portada, un boquete en la pared es el cuarto miembro ausente (puede ser Mayfield, que a pesar de todo seguía como compositor y productor, pero el significado es, claro, mayor). En el interior del álbum, la banda se fotografía en un cementerio de soldados. E imprimen este lema junto a las tumbas: “Demasiado tarde para la igualdad”.
Ezequiel


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