Crónica del directo de Montana Stomp en La Factoría: la banda aragonesa despliega su arsenal de southern rock y blues con un sonido crudo, orgánico y una presencia escénica arrolladora.
Montana Stomp traían su peculiar conjunción de rock sureño, blues y hard rock setentero a La Factoría y no nos lo podíamos perder. Atruena ‘The Lonely Shepherd’ —que en su día popularizó Tarantino, ‘Kill Bill’ mediante— a modo de bienvenida, para salir a degüello en ‘Rock And Roll Wheels’, sonando todo lo sinceros y orgánicos que cabía esperar. Susana Colt muestra ya en ‘Broken Branch Blues’ esa voz de mil colores y Óscar Díez remata con su primer solazo de la jornada. Nos las prometíamos muy felices.

‘Maybe That Day’ pone de relieve su cara más blues; Colt endulzaba su registro, Díez sonreía durante el solo y, paso a paso, ellos iban mostrando cómo de amplia es su paleta sonora. Pero aun en esa diversidad rutilante, siempre revestida de verdad y clasicismo, fueron capaces de encontrar un único tronco común. Hubo tiempo ya aquí para los debidos agradecimientos, también para derivar hacia la cara más abiertamente southern rock. Hay cortes que exudan brío y sensualidad (‘Big Blind Special’) e incluso versiones (‘One Horse Town’, de Blackberry Smoke) que la gente coreó de buena gana. La base rítmica de Adrián Garcés (batería) y Beto Foronda se quiebra y retuerce en un ejercicio de versatilidad, clase y química.

Colt comentaría entonces cómo la pandemia atropelló la grabación de su primer álbum y la DANA hizo lo propio con la del segundo; circunstancias ambas que no arredraron a la banda aragonesa. “Al final solo el rock ‘n’ roll nos salva”, y qué razón llevaba. Hubo mucho juego con la gente aquí y, a término, un pequeño escorzo del solo de ‘Free Bird’, de unos tales Lynyrd Skynyrd. Todo con un sonido redondo y compacto; y es que en esto rara vez decepciona La Factoría.

‘Bad Choices’, rotunda, rocosa, sería a la larga una de mis favoritas del set. ‘Unbroken’ —“esta canción habla de heridas”— les acercó al ideario más Led Zeppelin; transita terrenos tranquilos y recibe una gran ovación de parte del público. Y mientras ‘Bourbon Call’ pone la nota más abiertamente country, Díez derrocha clase con el slide y Alberto hace lo propio tras las teclas para introducir ‘That Song’. Finalmente, ambos se enzarzan en un duelo flamígero en ‘Hey Baby’. Calidad, clase, feeling, una frontwoman carismática y arrolladora: verdaderamente lo tienen todo.

Un grupo que, además, gana una barbaridad en su traslación al directo; incluso cuando aciertan a sonar más sucios y aguardentosos, ahí donde la voz de Colt se rompe hasta sus últimas consecuencias en ‘Troubled Sinner’. El riff sencillo y elemental de ‘Alice’ tenía un gancho de mil demonios y nos puso a bailar, tanto o más cuando revisitaron el clásico de Mountain ‘Mississippi Queen’, con Díez y Colt abandonando las tablas para bajar a mezclarse con el público. El cierre reprodujo su versión más anfetamínica y directa con ‘Mister’, de aquel debut homónimo de 2022. Me atrevería a decir que es una de las bandas más sólidas, disfrutables y carismáticas que hemos visto en nuestra querida Factoría en mucho tiempo.
David Pérez Naves
Fotografía: Sergio Blanco
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