My Dying Bride, protagonistas de las páginas de This Is Metal, junto a Paradise Lost y Anathema, crearon la piedra roseta del death-doom y el metal gótico.

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Liderados por la inconfundible voz de Aaron Stainthorpe y la afilada guitarra de Andrew Craighan, han construido un legado de dolor y elegancia que pocos se atreven a replicar.

Bajo el título de “A Dark And Elegant Funereal Travel”, This Is Metal relata cómo estos arquitectos del abatimiento construyeron su imperio sobre cenizas. Añadieron el violín al funeral, convirtieron el growl en un lamento y la guitarra en una campana mortuoria. Como bien afirma Craighan, el sonido de la banda siempre ha buscado reflejar “un poco de tristeza y un poco de la pérdida de lo que realmente es la vida” (Arrow Lords of Metal, 2024).

Nueve años después de su debut, ‘The Light At The End Of The World’ cerraba una década marcada por crisis y experimentos, demostrando que en la oscuridad absoluta jamás perdieron su fe en la belleza del sufrimiento.

Hay bandas que tocan música y bandas que esculpen el vacío. My Dying Bride no solo definió el doom metal, sino que convirtió el sufrimiento en una de las formas de arte más bellas de nuestra era. Repasamos algunas de esas piezas maestras de su imperio de cenizas. Seguro que tú tienes las tuyas; déjalas en los comentarios en Facebook, X e Instagram.

Black God
‘Turn Loose the Swans’, 1993

La lúgubre ‘Turn Loose The Swans’ casi no deja lugar al sentimiento en su rígido marco de muerte, pero el violín abre el camino al lamento de Aaron, y las palabras de amargura y arrepentimiento vuelan como pájaros negros en la noche. La melodía solitaria del violín, el tono narrativo de Aaron y el canto tranquilo de Zena Choi forman el epílogo del álbum.

‘Black God’ prescinde por completo de guitarras, bajo y batería. Se construye únicamente sobre las melancólicas notas del piano y el violín de Martin Powell, quien elevó la sofisticación de los arreglos. Para Stainthorpe, la forma en que construía las palabras en aquella época sigue siendo el pilar de su arte hoy en día: “Nuestros valores fundamentales siguen siendo los mismos, al igual que nuestra dedicación a la forma artística” (Heaviest of Art, 2020).

The Cry of Mankind
The Angel and the Dark River, 1995

Un tema que increpa a Dios, cuestionando la existencia de una entidad espiritual superior. Esa melodía obsesiva se repite durante casi toda la canción, penetrando en el alma y llevándote a un lugar de pura contemplación. Es un clásico imperecedero; los entusiastas y la propia banda la consideran esencial. Andrew Craighan ha señalado a menudo la importancia de estas armonías memorables frente a los solos técnicos: “Tenemos armonías que la gente puede recordar y silbar. Eso es lo que se queda con ellos” (Arrow Lords of Metal, 2024).

Two Winters Only
The Angel And The Dark River, 1995

“Dios mío, lo que siento hoy por esta canción tras lo que viví recientemente con mi hija. Aunque fue escrita dieciséis años antes de que ella naciera, tuve el extraño presentimiento de que tendría un hijo de apenas dos años afectado por una enfermedad terminal. Es verdaderamente desgarradora; nunca la cantaré en directo”.

En 2017, la hija de Aaron fue diagnosticada con cáncer. Tras una batalla brutal que el vocalista describió como un “agujero negro de preocupación y pánico”, ella logró vencer la enfermedad. En declaraciones posteriores a su regreso en 2020, Stainthorpe reflexionó sobre la fragilidad de la vida: “Como padre de una niña profundamente enferma, estaba al borde de la implosión total… Ella ha vencido a una de las creaciones más crueles y amargas de Dios” (Antihero Magazine, 2018).

Black Voyage
The Angel And The Dark River, 1995

La atmósfera de este tema es la cumbre de la desesperación que define a la banda. Destaca especialmente esa sección central pantanosa y apocalíptica que desemboca en un final cíclico, cerrando una tragedia perfecta. Es una de las piezas más interesantes a nivel de arreglos, donde el grupo demostró que el doom podía ser tan complejo como emocional.

For My Fallen Angel
Like Gods Of The Sun, 1996

“Una tragedia para intentar salvar un corazón roto en memoria de un amor perdido. Podría haberse titulado perfectamente My Dying Bride, porque trata exactamente de eso: el gélido darnos cuenta de que la persona con la que querías pasar el resto de tu vida está a punto de desaparecer para siempre”.

Esta pieza, descrita por la crítica como un “coloso imbuido de violines” (Doom-metal.com), muestra la prosa de Stainthorpe, más cercana a los grandes poetas británicos que al rock n’ roll estándar.

For You
Like Gods of the Sun, 1996

Aunque arranca con un riff cercano al heavy metal, transita rápidamente hacia la melancolía tradicional de la banda. Los cambios de ritmo reflejan una atmósfera ciclotímica única. Su vídeo es puro esteticismo de los noventa: colores extraños y una narrativa críptica que refuerza la identidad visual de los de Halifax.

Sear Me III
The Light At The End Of The World, 1999

“Aquí hablamos de un amor puro y total, un vínculo eterno. Es la caricia silenciosa recorriendo el cuerpo cálido del otro. Cuando eres tan fuerte como ella, las lágrimas brotan fácilmente al comprender que has encontrado a tu alma gemela y que tu destino está sellado para la eternidad”.

Este tema cerró la trilogía de ‘Sear Me’, consolidando a la banda como los poetas definitivos del romance trágico. Stainthorpe siempre ha defendido que escribir estas letras es su terapia personal: “Lo que lees en las letras es genuino… me permite limpiar mi mente de esos pensamientos oscuros” (Cryptic Rock, 2020).


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