Claves del álbum ‘Aftermath’ de los Rolling Stones, el primer LP compuesto íntegramente por Mick Jagger y Keith Richards, y punto de inflexión en la historia del grupo
Tras alcanzar el éxito con ‘Satisfaction’, Los Rolling Stones no perdieron demasiado tiempo y publicaron otro single que consolidó el éxito del anterior: ‘Get Off My Cloud’, al que siguió, el 30 de julio de 1965, el álbum ‘Out Of Our Heads’, que era el primer LP de los Stones grabado totalmente en Estados Unidos, además de ser también el primer álbum completo en alcanzar el número uno en las listas de ese país. Todo lo bueno que tuvo el hecho de que la banda, por fin, alcanzara la cima, lo tuvo de malo para el que hasta ese momento había sido su representante, Eric Easton. Pronto el grupo descubrió que el aumento de presión que suponía dicho éxito estaba desbordando a Eric.
La labor de Eric Easton era la de ser el representante de la banda, sobre todo en lo relativo a sus finanzas, ya que todo lo que se refería al desarrollo creativo de los Stones recaía en la figura de Andrew Oldham. Y así iba a seguir siendo en un futuro próximo, en lo referente a Andrew, que no a Eric. La solución ante lo mal que se estaban poniendo las cosas con Eric fue contratar a un contable, cuyo nombre era Allen Klein y que ya tenía una gran reputación como auditor de compañías discográficas, habiendo conseguido jugosos contratos para artistas como Sam Cooke.
El 28 de agosto del 65, los Rolling Stones firman un contrato con Allen, mediante al cual él y Andrew se convertían en sus representantes oficiales. Allen dirigiría todo desde Nueva York y Andrew lo haría desde las giras que la banda llevase a cabo. Así las cosas, los Stones comenzaron su cuarta gira por Estados Unidos, consiguiendo por fin que las salas se llenasen totalmente. Probablemente influyese también en todo ese éxito, el hecho de que los adultos de todo el mundo le tuviesen miedo a la banda, más que nada por sus pelos largos y las letras de sus canciones, sexualmente sugestivas. Justo lo que necesitaba la gran masa de jóvenes de la época para adorar aún más a ese grupo de transgresores.
En un mes y medio de gira, los Stones ganaron la asombrosa cifra de 2 millones de dólares, lo que los catapultó a la élite de las superestrellas del rock. Al finalizar la gira, retomaron su costumbre de grabar en Estados Unidos, nuevamente en los estudios RCA de Los Ángeles. Esta vez, se pusieron a trabajar en ‘Aftermath’. El primer álbum que incluía exclusivamente canciones de Mick y Keith, fue tan artístico e innovador como cualquiera de los clásicos de la época. Al mismo tiempo, apenas un mes después de la publicación del álbum en Gran Bretaña, apareció el single ‘Paint It Black’, el cual, a pesar de su sonido progresivo y vanguardista, llegó al número uno.
1966 resultó ser un año estelar para los Stones, con excelentes ventas de discos y conciertos con entradas agotadas en todas partes. Sin embargo, Brian estaba perdiendo cada vez más el control del grupo. Su asma crónica se estaba convirtiendo en un problema mayor y se hacía cada vez más evidente que Brian tenía un creciente problema con las drogas. Además, parecía más interesado en viajar con su novia, Anita Pallenberg, que en trabajar con la banda. Mick y Keith eran quienes creaban toda la música, así que era lógico que se convirtieran en los nuevos líderes. Este aparente desinterés por parte de Brian le hacía diversificar sus habilidades instrumentales, llegando a tocar hasta seis instrumentos diferentes durante un concierto de los Rolling Stones, o en un solo álbum.

Ian Stewart solía afirmar, con tono sombrío: “Lo único que quería era trastear con otros instrumentos, apenas tocaba la guitarra”. Esto distaba mucho de ser cierto, aunque Keith Richards insistiría también en que “era mi responsabilidad grabar todas las pistas de guitarra mientras Brian se divertía con la marimba o el dulcimer”. Durante los tres años siguientes, Jones incorporó éstos y otros instrumentos singulares a la esencia de los discos de los Rolling Stones. Y nunca tanto como en ‘Aftermath’, considerado por muchos como la colección de canciones más ingeniosa y original del grupo. Sin duda, Jones nunca volvería a trabajar tan plenamente, aprovechando al máximo sus considerables capacidades.
Brian Jones debería haber estado en su salsa, pero a menudo añadía su toque musical justo cuando el pastel estaba horneado. Hablaba de ‘Aftermath’ y su sucesor, ‘Between The Buttons’, sin orgullo, sopesando el dinero fácil frente a formar parte de un grupo pop tan comercial como The Dave Clark Five o Herman’s Hermits. Otro punto de discordia era que, poco más de dos años después de su sencillo ‘Tell Me’ para el primer álbum, Richards y Jagger, que nunca se habían mostrado muy receptivos a las composiciones de sus compañeros, se sentían lo suficientemente seguros como para escribir las catorce canciones de ‘Aftermath’.
Llegaban al estudio con maquetas detalladas o como pintores que retocan un lienzo colgado minutos antes de la inauguración, con música a medio terminar y fragmentos de letras. A Brian le parecía que él, Bill, Charlie e Ian estaban allí únicamente para dar fuerza a sus patrones, acordes y rimas. “Intento ayudarlos a conseguir lo que quieren”, afirmó Watts, quien en ciertos momentos de ‘Aftermath’ extendió sus habilidades percusivas más allá de las limitaciones de la batería y la pandereta, lo que representó una progresión musical consciente respecto a la anterior mezcla de clásicos del R&B y el soul y temas originales poco convencionales.
Cuando ‘Aftermath’ devolvió al grupo al número uno en Gran Bretaña y alcanzó el número dos en Estados Unidos, quedó claro que tanto los Stones como su equipo de compositores eran una inversión tan sólida para Decca como lo fueron The Beatles y Lennon-McCartney para EMI. Sin embargo, artísticamente y como abstracción sonora de la época, ‘Aftermath’ no se comparaba tanto con el reciente álbum ‘Rubber Soul’ de John, Paul, George y Ringo, como con ‘Face To Face’ de The Kinks, de la misma época.
Que los catorce temas de ‘Aftermath’ fueran exclusivamente composiciones de Jagger y Richards era matemáticamente impresionante: de los treinta y seis temas de sus tres álbumes anteriores en el Reino Unido, solo diez habían sido escritos por ellos o en colaboración con sus compañeros de banda. Este logro resulta aún más impresionante si se tiene en cuenta que el LP se compuso sobre la marcha. Entre octubre y diciembre de 1965, Gered Mankowitz era el fotógrafo de los Stones –y artífice de la portada de la revista This Is Rock, en su cuarta gira estadounidense. “Tenían mucha presión para componer porque tenían el estudio reservado”, recordó. “Una noche, en algún punto de la gira, pasé un buen rato con Mick y recuerdo que dijo algo así como: ‘Tenemos doce canciones que componer y es muy difícil por el calendario’, lo que significaba que volaban justo después del concierto y llegaban al siguiente lugar a las dos o tres de la madrugada”.
Aunque la cara A del álbum se considera magistral, el resto de ‘Aftermath’ está claramente infravalorado. Si bien la primera cara cuenta con varios temas sobre los que se ha escrito mucho, el único tema muy comentado de la segunda cara es ‘Out Of Time’, que alcanzó el número uno en el Reino Unido de la mano de Chris Farlowe a mediados de 1966.
Una queja común es que el material no es lo que todo el mundo esperaría de los Stones, pero, de hecho, en esta etapa inicial de su autonomía compositiva, aún no se había establecido el sonido original y arquetípico de la banda. Las canciones de la segunda cara no son tan innovadoras ni grandilocuentes como las de la primera, pero, no obstante, constituyen una colección muy disfrutable de material cuya tranquilidad y carácter peculiar o pop aportan una dimensión extra, tanto al LP como al grupo.
Mick y Keith comenzaron a crear un mundo propio, un mundo poblado por debutantes corruptas, drogadictos trastornados y sumidos en una depresión terminal y gente común y corriente como el narrador de ‘Get Off Of My Cloud’, que parece no poder escapar de los anuncios publicitarios agresivos, las llamadas telefónicas molestas, los vecinos quejosos y las otras intrusiones en el espacio personal que parecen inextricablemente ligadas a la trama de la vida moderna.
Al igual que los Beatles, los Rolling Stones estuvieron muy influenciados por las letras políticas y poéticas de Bob Dylan. Esta influencia hizo que la banda fuera más consciente de las dimensiones sociales y políticas del estrellato pop. De repente, la banda comenzó a ser tomada más en serio, como revolucionaria, por los manifestantes contra la guerra de Vietnam y otros activistas de la época. ‘Aftermath’ y sus composiciones fueron los auténticos detonantes de todo ello.
Fran García
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