Samuel Peñas, guitarrista de The Mañana Culture, nos presenta su nuevo álbum ‘Overdrive’
‘Overdrive’ es el nuevo álbum de The Mañana Culture, un trabajo que se sumerge en la experimentación y reinvención sónica para destacar en el actual panorama rockero. Es la suya una propuesta en ocasiones insólita y, como tal, digna de admiración. Hablo con el guitarrista Samuel Peñas sobre la creación del LP, sus guitarristas favoritos y efemérides de la historia de la banda.
“Queríamos contar algo que no haya sido dicho ya y evitar conscientemente todos los clichés que pudiésemos; esa es nuestra propuesta de un álbum de rock hoy”

¿Cómo fue la composición del álbum?
Estuvimos trabajando en bastantes ideas, unas veinte. Sobre todo cosas nuevas, aunque también rescatando algunas que se habían quedado sin terminar o que no nos encajaban anteriormente. Sobre esto, construimos un disco de diez canciones, cinco por cara. Somos muy de discos completos. Nuestra idea es más comparable a una película o un libro, una propuesta más completa, un viaje. La verdad es que salían muchas cosas, sentíamos que teníamos mucho que decir. Solemos partir de ideas musicales que tengo, a las que damos forma en función de lo que le inspira a Andrew McAffer. De ahí hacemos unas maquetas que complementamos con el resto del combo, aportando cada uno su visión y manera de hacer las cosas, encajando con la idea y propuesta inicial.
¿Qué guitarras usaste? ¿Qué te daba cada una?
Usé unas diez guitarras por lo menos… Algunas para partes principales y otras más para detalles. Las más utilizadas fueron las Gibson SG y Les Paul Gold Top con P-90, para las secciones con fuzz y distorsión, apoyadas por capas de Fender Telecaster. También algunas de caja (Gibson 335, 355) para slides y con overdrive. Stratocaster para alguna parte limpia y crunch. De acústicas: Gibson J-45 y una Martin de doce cuerdas. Es una suerte poder contar con los diferentes matices que ofrece cada una para poder tener un disco con partes diferentes, profundidad y un sonido con personalidad. Para el directo habrá que optimizar la logística, pero ahí los matices son algo menores que en la grabación de un álbum.
Hablemos de los pedales.
Aquí sí que se abre un mundo de posibilidades. Con el tiempo he ido haciendo una colección amplia; llevé una caja bastante grande llena de pedales a los Cubex Estudios, donde grabamos el álbum. Para overdrives, suelo basarme mucho en el sonido del Klon. Tengo un par de réplicas, los originales están a precios astronómicos. Al Klon sumábamos algunas texturas más: PRS Horsemeat, Friedman, boosters… Donde sí que ha habido un trabajo casi de investigación es con los fuzzes. Ha sido un poco mi obsesión últimamente y era importante para definir el sonido del disco. El que más hemos utilizado es el Gary, de Earthquaker Devices, que es un modelo que han sacado para el guitarrista de Idles. Varios Fuzz Benders, Brassmaster, Fuzz Factory, Big Muff y otro que diseñaron para el estudio ‘Rancho de la Luna’, de Gran Casino Factory.
“Los solos están más basados en texturas sonoras que en alardes técnicos”.
Todo lo pasamos por dos amplificadores: mi querido George Thunderbird hecho a mano en Barcelona y por otro combo Marshall con su sonido clásico. Microfoneados con micros dinámicos y también de cinta, con los que acabábamos de definir los “colores” que necesitábamos. Como curiosidad, usamos elementos atípicos para dar color al sonido: una torre Tesla, una caja negra de un submarino ruso, un aparato usado como sónar… Siempre es divertido. Al final te acabas acordando más de eso que de otras cosas de la grabación. Y así conseguimos sonidos muy personales también; no es fácil llegar ahí con los plug-ins típicos. Fue una suerte dar con Javier Escudero, de Cubex Estudios, que posibilitó estos experimentos.
Hay varios solos destacables.
Muchas gracias. Tampoco hay muchos; a pesar de ser guitarrista, no suelo buscar muchos momentos de solos como tal. Los que hay están más basados en texturas sonoras que en alardes técnicos. Para ‘Silver Factory’ queríamos algo que definimos como “rock deconstruido”, que fue un concepto al que dimos bastantes vueltas en este álbum. Quería salirme de los patrones y clichés típicos y al final quedó un solo bastante alejado de las notas previsibles; retorcimos bastante el sonido, pasándolo por efectos como ring modulators y delays. En ‘Space Pilgrim’ es algo más épico y melódico. Grabamos la guitarra a punto del acople, pasándola por un delay vintage de una mesa de mezclas italiana e incluso por un radiocasete microfoneado. Todo en busca de la emoción que queríamos transmitir; en esta canción, un poco de mensaje espacial.

El álbum, excepto un tema, es bastante rockero. ¿Cómo buscasteis una dinámica en la que funcionara todo el listado de temas?
Teníamos claro que queríamos empezar como empieza, con su intro y un tema muy efectivo como declaración de intenciones de la nueva propuesta. Luego vamos planteando todo como una especie de viaje en el que te vas encontrando los elementos y sensaciones. También tenemos en cuenta la línea de intensidad para dejar lugar a las subidas intensas y, al mismo tiempo, a las partes más ambientales. Solemos probar algunas opciones diferentes, aunque en este caso no ha habido muchas modificaciones de la idea original. No nos olvidamos del concepto del vinilo: qué tema cierra la cara A, con cuál empieza la B… El último tema, ‘Universe 25’, acaba con un riff que es el mismo con el que empieza el disco, enfatizando el concepto circular y del final del viaje recordando el comienzo.
Hay un tema más lento, ‘Costa Quebrada’.
Era una canción que estuvo siempre entre las que queríamos incluir en el álbum. Podría cumplir una función similar a ‘Pictures’, del disco anterior. Es un tema más lento, en compás ternario, en el que Andrew puede desarrollar más su expresividad, matices e intensidades. También va un poco más despejado de instrumentación para darle más espacio. Hay partes en las que está solo su voz con un órgano Hammond de fondo. Eso sí, tiene un puente en el que cambiamos hasta de compás y desarrollamos una parte instrumental con más capas para volver a la idea inicial. La cuestión era que quedase bonita pero sin ser cursi. Aunque su nombre de trabajo era otro, acabamos llamándola ‘Costa Quebrada’ como homenaje y recuerdo de los días que pasamos por allí grabando y porque nos encanta ese nombre. Estuvimos muy centrados en la música y la grabación esos días, pero alguna puesta de sol por allí sí que pudimos disfrutar.
“Usamos elementos atípicos para dar color al sonido: una torre Tesla, una caja negra de un submarino ruso o un aparato usado como sónar; no es fácil llegar a esos sonidos personales con los plug-ins típicos”.
Se notan influencias grunge pero también de electrónica.
Y lo normal es que se notasen incluso más influencias… Somos muy melómanos; encontramos cosas interesantes en infinidad de géneros diferentes. El grunge realmente no es algo que tengamos tan presente, pero supongo que está ahí aunque no queramos. Es cierto que hemos revisitado bastantes cosas de ese estilo últimamente, con muchas sorpresas agradables de cosas que recordabas distinto o que ni recordábamos. Con respecto a la electrónica, también nos gusta, ¡claro! Hay muchísimas cosas y muy diferentes amparadas en esa denominación… Para este álbum, quizás estuvieron presentes la movida de la primera electrónica, Tangerine Dream, Kraftwerk…, y Depeche Mode, y también la revisitación en clave ochentas que se ha hecho más recientemente en bandas sonoras de Nicolas Winding Refn o Cliff Martínez… De cosas más contemporáneas nos entusiasma Nine Inch Nails; está muy bien lo que está haciendo últimamente con Boys Noize y las bandas sonoras que hace Trent Reznor con Atticus Ross. Usamos un sintetizador modular analógico para unas cuantas cosas y también otros sintes y teclados como Arturia, Juno-60 o Nord, así como sonidos de cajas de ritmos vintage sampleados. Y hay un theremin de Moog con fuzz y delay en un momento.
Se nota el carácter experimental en el álbum. ¿Cómo abordasteis ese factor de buscar nuevas cosas, de arriesgaros?
La cuestión era que, si queríamos hacer un disco, sentíamos que teníamos que contar algo que no haya sido dicho ya. Evitar conscientemente todos los clichés que pudiésemos. Es decir: cuál es nuestra propuesta de un álbum de rock hoy. Pero, por otro lado, queríamos que se reflejase toda la música que llevamos dentro y nos gusta, recoger todo lo bueno que han hecho otros antes. Ese ha sido quizás el mayor reto. Porque nos gustan las partes más libres y experimentales, pero queríamos que tuviese gancho, condensar esas ideas en algo concreto, basado en las estructuras que tenemos asumidas de canción y no olvidar la repetición, elemento fundamental para conectar y recordar. Hay alguna canción en la que utilizamos compases irregulares o de amalgama. Ya lo hicimos en el LP anterior y nos gusta mucho, pero no queríamos pasarnos tampoco. Si nos dejamos llevar un poco, enseguida nos vamos a cosas más experimentales. No hay que buscarlo mucho.
¿Qué bandas te influyeron a la hora de empezar a tocar la guitarra?
Justo cuando empezaba, hace muchos años ya, estaba muy inmerso en el estilo de Guns N’ Roses y Héroes del Silencio. Al poco llegué a Nirvana y fue una revelación, porque esas canciones sí que podía tocarlas. De ahí pasé a propuestas más intensas como el thrash metal y enseguida a géneros más oscuros como el death, doom o black metal… He pasado por muchos proyectos bien diferentes, abarcando la electrónica, el rock, hasta alguna etapa más indie e incluso folk… La vida da muchas vueltas y ha habido momentos diferentes. El sonorizar en directo y grabar a otros músicos hace ver de cerca multitud de propuestas muy distintas de las que irte quedando con lo que te gusta.

¿Cuáles son tus guitarristas favoritos?
No me considero seguidor de nada, pero los guitarristas que más me gustan y que se me vienen ahora a la cabeza serían David Gilmour, por su concepto melódico (aunque se base mucho en escalas pentatónicas) y por su énfasis en el sonido. Derek Trucks, el maestro del slide; tiene un fraseo genial con todo el regusto clásico de la música americana. Blake Mills, que está como en otra dimensión con su concepto armónico y melódico; además, es un productor excepcional. Tom Bukovac (Mr. Session Man). Uncle Larry es el amo; es un músico de sesión de Nashville que, desde la pandemia, sube un vídeo al día, siempre plagado de ideas y técnicas geniales. También es aficionado a las guitarras y amplificadores vintage, que suele mostrar. Hay muchísimos más que me gustan, de antes y de ahora, aunque es cierto que los guitarristas que sacan álbumes en plan solista no es lo que más me suele llamar la atención.
En la gira anterior llegasteis a tocar en una cueva.
Fue algo inolvidable. Habíamos estado trabajando mucho en ‘Bravado’ y queríamos presentar el álbum de manera un poco especial en nuestra ciudad. En Burgos, ahora mismo hay una carencia importante de salas de formato medio y surgió la posibilidad de realizar el concierto en una cueva. Gestionar toda la producción fue algo realmente complicado; hubo que llevar generadores eléctricos a un respiradero, bajar los cables desde ahí y trasladar absolutamente todo, desde baños hasta una barra y food truck, para que los asistentes pudiesen tener unos servicios básicos. Aun así, salió todo muy bien y fue una experiencia espectacular. Se creó un ambiente único; no había cobertura y el hecho de estar allí hacía que todos sintiésemos algo especial.
Esa cueva es una cantera en realidad; el hueco se formó extrayendo la piedra con la que se construyó la Catedral, entre otros monumentos. Luego fue polvorín y prisión durante la Guerra Civil y la posguerra. Y más recientemente, sé de gente que montaba raves ilegales de música electrónica. Así que algo irá quedando de todo lo que ha pasado por allí. Actualmente realizan visitas guiadas más tranquilas.
¿Cómo ves, con la perspectiva del tiempo, vuestro primer álbum, ‘Bravado’?
Con mucho cariño. Fue un ‘Bravado’ en toda regla, supuso mucho esfuerzo, pero resultó vital para configurar lo que somos hoy en día. En ese álbum toqué todos los instrumentos excepto la batería y la voz; además, lo grabé y mezclé con mis propios medios. Estaba muy influenciado por la escena americana de los setenta, Laurel Canyon y sus revivals… Adquirí un lap steel en Los Ángeles que fue muy importante para su sonido. Es un trabajo tranquilo, aunque hay partes intensas. Las ideas partieron del sofá de casa durante la pandemia y estaba muy centrado en eliminar capas de distorsión, quizás por eso ahora han vuelto con más fuerza.
Era un poco el “sueño americano” del que ahora hemos despertado. Curiosamente, me siguen diciendo algunos adeptos a día de hoy que ahora lo han comprendido mucho mejor y que vuelven a él. Aún tengo unos cuantos vinilos en mi trastero, por si alguien quiere alguno.
Texto: Ignacio Reyo
Fotografías: Rodrigo Mena
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