En la revista This Is Rock celebramos una obra básica del rock gótico, ‘God’s Own Medicine’. Un disco surgido de la ruptura con Sisters of Mercy

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Quieres saber más de la historia de ‘God’s Own Medicine’, adentrate en las páginas de la revista This Is Rock, también disponible en versión digital en decibelica.com

Hay grupos que nacen en un estudio, otros en un garaje. The Mission nació, según su propio relato, en un aseo. Bajo un murciélago de plástico colgado sobre la puerta de una sala de prensa londinense —la broma particular de una discográfica que quiso recibirlos con el cartel de “Goth City”—, Wayne Hussey resumía así el origen de la banda para Sylvia Pattersonen Smash Hits: “Nos conocimos en un aseo, ¿sabes? Ahí es donde se conoce a la gente que merece la pena”.

No era una anécdota gratuita. Detrás de esa frase desenfadada había una ruptura reciente y dolorosa: la de Wayne Hussey y Craig Adams con Sisters of Mercy, el combo que Andrew Eldritch lideraba desde Leeds y que se había disuelto, en su formación clásica, tras el célebre concierto del Royal Albert Hall el 18 de junio de 1985. A ellos se sumaron Mick Brown, batería procedente de Red Lorry Yellow Lorry, y Simon Hinkler, guitarrista de una banda de culto llamada Artery que él mismo se encargaba de matizar entre risas: “una banda no muy conocida, pero brillante”.

El propio Hussey, en la misma entrevista para Smash Hits, resumía aquellos años de forma ambivalente, entre la nostalgia y la ironía, sin esconder que la ruptura había sido confusa: aquello había sido “una gran broma que nadie entendió. Y nosotros somos otra broma que nadie va a entender… Fueron buenos días, aun así, grandes días…” hasta que la banda “se separó de forma bastante misteriosa el verano pasado”.

El nombre robado: de The Sisterhood a The Mission

El primer concierto del cuarteto, el 20 de enero de 1986 en la sala Alice in Wonderland de Londres, se anunció bajo un nombre bien distinto: The Sisterhood, un guiño directo a su pasado. La elección resultó ser un campo de minas legal. Mientras la banda telonaba a The Cult por Europa, el propio Andrew Eldritch publicó un sencillo bajo ese mismo nombre para reclamar sus derechos, obligando a Hussey y compañía a rebautizarse. El resultado fue The Mission, un título que el propio Hussey ha relacionado en distintas ocasiones con su educación mormona y con la vocación misionera que sus padres esperaban de él; sin embargo, el batería Mick Brown siempre ha ofrecido una versión mucho menos solemne: el nombre venía, simplemente, de su marca de altavoces favorita.

La disputa dejó heridas duraderas. Eldritch, en conversación con Neil Perry, no ocultaba su malestar por cómo se resolvió aquel litigio ni descartaba llevar el asunto a los tribunales: “Todavía tengo siete cargos con los que podría llevarlos [a The Mission] a los tribunales. Hay días en que pienso: sí, llevémoslos a los tribunales. Nunca he estado en los tribunales antes”. Tampoco perdonaba la elección del nuevo nombre, que remitía directamente al título de un disco que él mismo tenía en preparación: “Me decepcionó mucho Wayne. Creo que podría haber elegido un nombre que no viniera del próximo álbum de las Sisters, ‘Left On Mission Of Revenge’. Que cargue con las consecuencias, hay gente que es así”.

La guerra de las palabras: la versión de Eldritch

Eldritch prefería no entrar en el terreno de los reproches públicos, pero dejaba claro que había optado por el silencio de forma estratégica, no por falta de argumentos: “Hay mucho material interesante sobre la guerra corporativa —así se refiere a todo el embrollo entre Sisters, Sisterhood y Mission— y dejé que Wayne hablara mucho de eso porque me convenía callarme”. Y añadía, con ese distanciamiento irónico tan suyo: “Podría haber disfrutado mucho lanzando barro, pero no creo que a largo plazo, desde un punto de vista puramente superficial, hubiera quedado tan bien como voy a quedar con esto. Terminé con toda aquella farsa de Sisters Of Mercy con la menor violencia industrial posible”.

Lo que más le pesaba, insistía, no era la ruptura en sí, sino la sensación de traición: “No me gusta la idea de pelear una guerra contra nadie. Las Sisters siempre supieron distinguir quiénes éramos nosotros y quiénes eran ellos, y cuando los nuestros se volvieron contra nosotros me sentí muy decepcionado. Pero, obligado a librar estas batallas, no puedo decir que no las disfrutara”. Sobre la insistencia de la prensa en hacerle hablar del asunto, era tajante: “Me molesta que me obliguen a hablar de ellos, salvo que esté haciendo algo específico como esto. Es solo que valoro mucho la lealtad, y nada, nada me saca más de quicio que verla traicionada”.

Eldritch también salía al paso de las acusaciones de Hussey sobre su supuesto bloqueo creativo como letrista, devolviendo el golpe con un comentario mordaz sobre el método de trabajo de su antiguo guitarrista: “A veces me lleva una semana escribir una letra, a veces un mes. A él le lleva unos cinco minutos, porque todo lo que tiene que hacer es coger el libro adecuado… No creo que él sintiera nunca que una canción debía significar algo”.

De Liverpool al altar del gótico

La formación de Hussey como músico se remonta a su adolescencia, cuando abandonó su Bristol natal —donde había crecido en un hogar mormón estricto— rumbo a Liverpool tras una ruptura con sus padres. Fue allí donde su interés por la guitarra se convirtió en vocación: “Cogí una guitarra y me pasé seis meses delante del espejo poniendo playback a los discos […] Empecé a escribir mis propias canciones porque no sabía tocar las de otros, cosa que sigue siendo así. Luego, con dieciséis o diecisiete años, dejé el colegio. Tuve una gran pelea con mis padres, me fui de casa y me marché a Liverpool. Ahí es donde se hundió el rock”.

De aquel periodo salió también su breve paso por Dead or Alive, del que se marchó con cierto alivio, según reconocía él mismo entre risas, “porque se puso muy contento de haber salido antes de que se volvieran embarazosos”, antes de convertirse en guitarrista de Sisters of Mercy —con quienes grabó ‘First And Last And Always’ en 1985— y, más tarde, en la cara visible de The Mission. Sobre aquellos primeros pasos como banda propia, Hussey restaba solemnidad al proyecto casi tanto como lo haría años después hablando de ‘God’s Own Medicine’, un momento en la historia de la banda que la revista This Is Rock cubre en su número 265: “No teníamos ningún plan fijo. Era como: vale, grabamos un disco, nos vamos de gira y luego disolvemos la banda. Y eso hicimos. No había ninguna expectativa. Bueno, sí, queríamos salir en la portada de las revistas, salir en la tele y ser estrellas del pop, la verdad”.

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