Anathema es uno de los grandes contenidos el nuevo número de la revista This Is Metal, una banda que cruzó el rubicón entre el metal y el rock en un viaje cargado de emoción
La historia de ‘Anathema’ representa una de las metamorfosis más radicales y, a su vez, orgánicas de la historia del metal y rock. Desde sus lúgubres cimientos en Liverpool hasta la grabación de sus maquetas fundacionales, el combo británico trazó un camino único donde el sentimiento siempre prevaleció sobre la técnica pura. En esta primera entrega, analizamos su ascenso desde el underground más oscuro hasta el punto de inflexión que cambió su ADN para siempre.
Es imposible no caer rendido a su poético death doom, siempre adornado de arreglos complejos. Uno de los momentos vitales para la banda fue el álbum ‘Eternity’, donde el grupo inició una lenta transición hacia un rock más melódico y atmosférico.
La banda se formó en 1990 bajo el nombre original de Pagan Angel. En noviembre de ese mismo año grabaron su primera maqueta, ‘An Iliad Of Woes’, la cual captó la atención de la escena underground y les permitió actuar junto a bandas como Bolt Thrower y Paradise Lost.
Ya como ‘Anathema’, firmaron un contrato con el sello Peaceville Records tras la publicación de la demo ‘All Faith Is Lost’ (1991). Sus primeros trabajos, como el EP ‘The Crestfallen’ (1992) y su LP de debut ‘Serenades’ (1993), se convirtieron en clásicos del doom metal británico. ‘Serenades’ logró captar la atención del gran público, llegando incluso a la MTV con el vídeo de ‘Sweet Tears’. En 1994, el grupo realizó su primera gira europea.
El punto de inflexión fundamental ocurrió en mayo de 1995, tras la edición de ‘Pentecost III’, cuando Darren White abandonó la formación. White fue clave en la identidad temprana de la banda gracias a sus registros vocales. Tras su marcha fue cuando el guitarrista Vincent Cavanagh —miembro fundador nacido en 1973— asumió también las labores de vocalista; un cambio que marcaría el rumbo hacia terrenos inexplorados.
‘The Silent Enigma’ (1995)
Publicado el 23 de octubre de 1995, es una pieza fundamental en la trayectoria de Anathema. Tras la abrupta salida de Darren White, el combo se encontró en una encrucijada que resolvió colocando al guitarrista Vincent Cavanagh frente al micrófono, una decisión que alteró para siempre el ADN de la banda.
Este disco es considerado por la crítica como una de las obras más completas del género, logrando un equilibrio entre la agresividad del doom y una creciente sensibilidad poética y atmosférica. La estructura de las canciones comenzó a mostrar una madurez inusual, integrando elementos orquestales y pasajes acústicos que anticipaban su futuro progresivo.
La grabación de este disco estuvo marcada por la juventud de sus miembros y un proceso creativo intenso. Daniel Cavanagh recordó años después las condiciones en las que trabajaban: “Mi recuerdo más fuerte, además de estar en un gran estudio grabando con un buen tipo, es ir al pub por las noches… me encantaba ir allí a beber y luego, al volver, fumar hierba y escuchar la música que habíamos grabado”.
‘The Silent Enigma’ es el enigma que permitió a Anathema sobrevivir a una crisis de identidad para convertirse en los gigantes del rock atmosférico que recordamos hoy, ya que la banda actualmente está en stand-by.
Atento a la segunda parte
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