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Ferias De Discos ¡Cuánto Las Echo De Menos!

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Hay muchas cosas que echamos de menos, conciertos lo principal, pero Rafael nos recuerda nuestras queridas Ferias de Discos, desde las grandes a las más cercanas, las pequeñas de provincia, donde la distancia social siempre existió y muchas veces encuentras lo mejor.

Llevaba un buen rato navegando por varias tiendas online de coleccionismo con intención de localizar un par de discos descatalogados, y entre clic y clic de ratón, pinchando aquí y allá en fotos y descripciones, me invadió una sensación de nostalgia por no poder acudir a uno de los espacios donde más he disfrutado a lo largo de los años: las ferias de discos.

En Cáceres, la ciudad en la que vivo, se hacían dos o tres al año en distintos locales, normalmente a pequeña escala y con los mismos vendedores de Madrid, Cádiz, Granada, … al final conoces a todos y todos te conocen a ti, o al menos saben que eres el que siempre pregunta por discos de Eric Clapton, de hecho uno de ellos me tenía en su agenda del móvil como “El Clapton de Cáceres”. En fin, era una rutina que me encantaba, llegabas al sitio y tras el saludo protocolario y la siempre inquietante frase de: «he traído cosas nuevas de Clapton, busca por ahí”, me zambullía en las gavetas con la esperanza de encontrar eso nuevo que me estaba esperando y que casi nunca encontraba (o ya tenía). Tampoco me importaba porque al final me acababa llevando un montón de otros artistas.

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Ya me gustaría ahora tener esas dos o tres citas anuales y volver a reencontrarme con ellos. Ese pensamiento me llevó a otro más lejano en el tiempo, pero igualmente gratificante, cuando de adolescente iba con mi hermano a la feria del disco de Barcelona. Eso era a finales de los ochenta o principios de los noventa. La paliza era importante, porque cogías el tren a eso de las 10 de la noche y no llegabas hasta las seis de la mañana a la estación de Sants. Recuerdo que era un tren con compartimentos que se abrían con una puerta corrediza, y en los que había dos filas de cuatro asientos una enfrente de la otra. Digamos que era una especie de Orient Express a lo cutre, muy incómodo sobre todo cuando el compartimento estaba lleno, en el que sólo lograbas conciliar el sueño gracias al “agradable” olor a porro que envolvía a todos los vagones. Además, era la forma más económica de ir y volver en el mismo día.

El caso es que merecía la pena, porque aquello sí que era impresionante, cientos de vendedores, música en directo, era como el gabinete de las maravillas … Además, allí quedabas con colegas de Barcelona que habías conocido intercambiando bootlegs por correo (eran las redes sociales de entonces) para charlar y tomar unas cervezas.

Como el dinero era escaso y había mucho donde elegir había que seleccionar bien lo que te llevabas y además, había que apurar hasta justo antes de que cerrasen, que era cuando sacaban de manera subrepticia los discos “no oficiales” a la venta.

Una vez terminaba, volvías a la estación para coger el mismo tren, pero esta vez de vuelta. Abrías el compartimento y de nuevo te golpeaba el olor a humanidad y hierbas aromáticas, tomabas asiento y entonces empezabas a sacar de las bolsas los tesoros encontrados, los mirabas por delante y por detrás, sacabas el libreto… Mi hermano me pasaba los que había comprado y comentábamos las incidencias e irremediablemente te acordabas de los que no habías podido adquirir.

Han pasado más de 25 años de aquello y todavía me acuerdo de la caja en edición limitada del álbum ‘24 Nights’ de Clapton por la que me pedían 10.000 pesetas (60 €) que era todo lo que llevaba para gastar ese día. La última vez que la he visto en venta costaba más de 800€, ¡joder por qué no la compré!
Rafael González Martínez de Tejada

This Is Rock, This Is Metal, Especiales a la Venta

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