Aprovechando el reportaje especial de la revista This Is Rock dedicado al ‘Grace Under Pressure’ de Rush, nos adentramos en una entrevista concedida por Alex Lifeson en 1984, donde explica el sonido, las guitarras…

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En una entrevista de 1984 con el periodista Jas Obrecht, Alex Lifeson explicó cómo Rush construyó el sonido tenso, frío y emocional de ‘Grace Under Pressure’. Recuperamos sus claves para acompañar el reportaje especial en This Is Rock (también disponible en versión digital en decibelica.com) sobre uno de los discos más singulares de la banda canadiense.

La tarde del lunes anterior al primero de tres conciertos en el Cow Palace de San Francisco, Alex Lifeson se sentó con el periodista Jas Obrecht para repasar pista a pista el último disco de Rush. No era una entrevista promocional al uso. Era una conversación entre guitarristas, técnica y honesta, que hoy, cuarenta años después, sigue siendo uno de los documentos más reveladores sobre cómo se construyó ‘Grace Under Pressure’.

Lifeson llegó al encuentro con las ideas claras. Un mes después de terminar el álbum, la distancia le había dado perspectiva: “De todos nuestros discos, este es el más satisfactorio”. No lo decía por obligación. Lo decía porque ‘Grace Under Pressure’ había nacido de un lugar incómodo y había salido algo mejor de lo que esperaban.

El disco se gestó durante el verano de 1983 en Horseshoe Valley, al norte de Toronto, con Neil Peart escribiendo letras a diario mientras el mundo parecía desmoronarse en las noticias. “Todo lo que se oía ese verano era el colapso en las negociaciones de armas, los asesinatos de KAL (referencia al derribo del avión de Korean Air Lines (KAL) en 1983, descrito como un crimen de estado)”, recordaba Lifeson. “Fue un verano muy sombrío para los acontecimientos mundiales. Neil obtenía mucho de su material de ahí, de ahí las letras”. La música tendría que estar a la altura de ese peso.

Para lograrlo, Rush tomó una decisión arriesgada: prescindir de Terry Brown, su productor de toda la vida, y buscar una voz nueva. La encontraron en Peter Henderson, que había trabajado con Supertramp, Jeff Beck y Paul McCartney. El cambio fue inmediato. “Con Peter Henderson fue totalmente distinto; me dijo que hiciera lo que creyera correcto. Fue un enfoque muy bueno porque hubo una continuidad en el sonido de la guitarra durante todo el álbum”.

Esa continuidad tenía una base muy concreta: el chorus. Lifeson llevaba años construyendo su identidad sonora alrededor de ese efecto, desde que lo descubrió integrado en la circuitería de un Roland Jazz Chorus. “Ahora me siento desnudo si no lo uso”, confesaba. En ‘Grace Under Pressure’ utilizaba dos unidades Loft en paralelo, una con mezcla del 25% y otra al 50%, sobre una Stratocaster negra de 1978 modificada con pastillas Bill Lawrence L500 en el puente. La guitarra pasaba después por un rack que incluía un Roland Digital Delay SDE-3000, un armonizador Ibanez HD1000 y el DeltaLab Super Timeline. Todo ese arsenal al servicio de algo que en el fondo era mucho más sencillo: sonar como si importara.

Porque la gran transformación en ‘Grace Under Pressure’ no fue técnica, sino filosófica. Lifeson había dejado atrás la acumulación: “Hasta ‘Moving Pictures’ triplicaba y cuadriplicaba pistas para dar grosor. Ahora buscamos algo más angular, con más dimensión. Si es demasiado grueso, pierdes la colocación de los instrumentos”. Y, sobre todo, había abandonado la velocidad como fin en sí mismo. “Me he alejado mucho de intentar tocar lo más rápido posible; ya no le veo el sentido, no disfruto haciéndolo ni escuchándolo. Eddie Van Halen es un guitarrista soberbio, pero un disco entero de tocar más rápido que el rayo me impresiona, pero no tiene longevidad para mí. En cambio, una nota desgarradora o un pasaje melódico que realmente se siente vive para siempre”.

Esa búsqueda de lo emocional sobre lo técnico recorre el disco de principio a fin. En ‘Red Sector A’ —su tema favorito del álbum junto a ‘Red Lenses’— la guitarra no decora, acompaña: “Como canción de guitarra me gusta mucho, salió exactamente como quería. La guitarra parece muy emotiva y traduce bien las letras”. El solo incorpora un armonizador ajustado a una séptima, lo que genera, según sus propias palabras, “un efecto extraño, casi oriental”. En ‘Between The Wheels’, la cuerda Mi grave está bajada a Re: “Está tan suelta que vibra de una forma especial”. En ‘Distant Early Warning’, el solo —una sola guitarra con el DeltaLab una octava arriba— tenía un apodo interno en el estudio: “la parte del marinero borracho”.

‘Red Lenses’ fue otra historia. “Mi mayor contribución ahí fue la línea de los pedales de bajo. Tiene un groove genial. Fue divertido grabarlo, suena casi a jazz y R&B mezclados”. La guitarra, por una vez, dejó el espacio a otra cosa.

El momento más duro del álbum fue ‘Afterimage’. La canción estaba dedicada a Robbie Whelan, técnico del estudio Le Studio y amigo de la banda, muerto en un accidente de coche. Grabaron en el mismo espacio donde él había trabajado. “Fue muy emocional; cada vez que tocamos esa canción pienso en él. Recuerdo que se me llenaban los ojos de lágrimas ensayando el solo”.

El proceso no siempre fue así de íntimo. El solo de ‘The Body Electric’ costó un día entero de frustración hasta que Lifeson decidió cambiar de estrategia: “Al diablo, voy a volverme loco”, y de repente todos se giraron: “¡Eso!”. Cuarenta minutos después, el solo estaba terminado. A veces la inspiración llega cuando uno deja de buscarla.

Al final, ‘Grace Under Pressure’ entró en el Top 10 en pocas semanas. “Es un punto de partida respecto a nuestro material anterior”, decía Lifeson, “y lo hace muy divertido de tocar en vivo”. Pero más allá de los números, el disco dejó algo más duradero: la prueba de que Rush podía ser una cosa distinta sin dejar de ser Rush. “No somos una banda de guitarra, somos una unidad musical”. Y en ‘Grace Under Pressure’, esa unidad sonó como nunca.

El reportaje especial sobre ‘Grace Under Pressure’ de la revista This Is Rock, repasa el contexto, las canciones, el sonido y la importancia de este álbum dentro de la discografía de Rush. Un disco nacido bajo presión, construido con una elegancia y una intensidad que todavía hoy siguen intactas.

Alex Lifeson y LERXST

LERXST no es solo el apodo de Alex Lifeson dentro de Rush. Es también el nombre de la marca de amplificadores, pedales y accesorios que el guitarrista canadiense construye desde 2012 junto al fabricante estadounidense Mojotone, y que en 2023 dio el salto definitivo al mercado con una gama completa fabricada artesanalmente en Carolina del Norte.

Alex Lifeson y LERXST

La historia arranca durante la gira de ‘Clockwork Angels’, cuando Lifeson planteó construir su propio amplificador. El resultado fue el Omega, un cabezal de 50 vatios basada en el Marshall Silver Jubilee que utilizó en aquella gira, modificada a fondo según las preferencias tonales que había ido desarrollando a lo largo de cinco décadas. El circuito no ha cambiado desde aquella primera edición limitada.

El relanzamiento de 2023 amplió la oferta con el cabezal y combo Chi, una gama de pantallas y el pedal de overdrive By-Tor. Las guitarras y las pastillas están en camino.

“Ha habido una explosión de música de guitarra en los últimos cinco años”, declaró Lifeson. “LERXST ofrece a esos músicos la potencia y la calidad tonal de los mejores amplificadores del pasado”. Cincuenta años de exploración sonora condensados en una marca con su propio nombre.

 

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