En nuestra mirada a aquello que ya suena a clásico con Reload, esta semana recordamos a Mindflow y su obra ‘Destructive Device’

This Is Rock, This Is Metal, Especiales a la Venta

En 2008, los brasileños Mindflow ya tenían cuatro años de carrera discográfica y dos álbumes de estudio en su haber: ‘Just The Two Of Us: Me And Them’ (2004) y ‘Mind Over Body’ (2006); sólidos trabajos que, merecidamente, habían ido colocando de forma lenta pero segura a Danilo Herbert (un excelente vocalista con una tesitura muy parecida a la del sueco Daniel Gildenlöw, líder de Pain Of Salvation), Rodrigo Hidalgo (guitarra), Miguel Spada (teclados), Rafael Pensado (batería) y Ricardo Winandy (bajo) en un mayor número de bocas entre los seguidores del metal progresivo.

‘Mind Over Body’, en particular, era un disco que los situaba en posición de encabezar la escena sudamericana del género, con un sonido y una producción que tenían poco que envidiar a bandas de escudería norteamericana o europea. El título, ese “La mente gobernando al cuerpo”, era toda una declaración de intenciones en un álbum que era un tour de force progresivo: excesivo hasta en su duración (casi ochenta minutos), donde se nos hacía entrega de una exhibición de técnica a la altura de unas composiciones intrincadas, complejas y densas que requerían de varias escuchas para ser asimiladas y comprendidas.

Como siempre que esto ocurre, y entiendes lo que tienes delante, la proverbial recompensa son las llaves de un disco que se abre ante ti para tu disfrute prolongado mientras buscas, encuentras y saboreas todos los cambios, los detalles y los mil secretos que un disco especialmente laberíntico de metal progresivo alberga y ofrece solo al oyente avezado y paciente. No obstante, la misma dedicación que exige sacar todo el jugo a este tipo de álbumes puede dejar a algunos entusiastas exhaustos y frustrados, en ocasiones despojando a la experiencia del sencillo gozo de escuchar música; el barroquismo compositivo e interpretativo del disco se siente, en momentos, casi como una tarea más que un disfrute, y existen pocas bandas de metal progresivo que consigan aunar excelencia interpretativa y osadía compositiva con accesibilidad y melodía… y ni siquiera lo consiguen en todos sus trabajos.

Con estos mimbres, cuando los chicos anunciaron que volvían a la carga en 2008 con ‘Destructive Device’, esperaba otra vuelta de tuerca a la complejidad arriba descrita. No obstante, como personalmente había disfrutado tanto del reto de ‘Mind Over Body’, me dispuse alegremente a volver a freír unas cuantas neuronas con el nuevo material de la banda. Para mi sorpresa, ‘Destructive Device’ veía a los brasileños alcanzar ese equilibrio del que he hablado unas líneas antes, y los temas contenidos en este nuevo álbum gozaban tanto de la desafiante complejidad instrumental de un buen disco de metal progresivo moderno como de una excelencia melódica que la banda no había alcanzado hasta ese momento.

Muy probablemente, la producción del norteamericano Ben Grosse (cuyo nombre aparece orgullosamente en la propia portada del disco y que atesoraba una cierta experiencia trabajando en estudio con bandas de rock y metal moderno como Alter Bridge, Marilyn Manson, Thirty Seconds To Mars o Slipknot) había sido de importancia capital en la obtención de este nuevo sonido que, acertadamente, le dio a la banda una pátina de metal contemporáneo sin despojarlos de su identidad más virtuosa.

El tema titular irrumpe arrollador, sin ambages tras una breve y ominosa intro electrónica, constituyendo un ejemplo perfecto del cambio antes citado y, ya desde el momento en que la primera línea vocal entra, somos conscientes de que algo ha cambiado en la forma en que Mindflow escribe sus temas; ello queda confirmado en el estribillo, cuando Herbert nos pide: “Don’t ever let the wrong get by!”, o cuando rompe el último estribillo de forma magistral con una nueva línea melódica (“We are the only here!”) que enriquece de forma extraordinaria el tema. El contraste establecido entre la melódica línea vocal, los poderosos riffs de Hidalgo y el denso muro rítmico establecido por Pensado y Winandy es una declaración de intenciones que se mantendrá a lo largo y ancho de todo el álbum y le otorga un carácter único.

‘Lethal’ aumenta, si cabe, más este juego de contrastes pues, aunque con una idea similar (romper y contrastar la agresividad y técnica de los riffs y base rítmica con una línea vocal irresistiblemente melódica), añade un golpe de efecto más al tirar de guturales de forma breve en una estrofa de la segunda mitad del tema, colocando a este tema entre los más intensos del disco. Por si nos quedaban dudas de la nueva capacidad melódica de la banda, ‘Breakthrough’ baja las revoluciones y nos presenta el que podría ser el primer tema con potencial de single comercial de la historia de la banda. Ya desde el comienzo, con Danilo cantando suavemente sobre una suave base electrónica y de teclados, la melodía invade un tema espectacular en su inmediatez que nos regala un estribillo de los que hacen época, guiado por un Danilo en estado de gracia y que constituye, sin duda, el pináculo melódico de la banda, dejándonos perplejos ante el enigma de por qué estos chavales no llegaron a ser más conocidos.

‘Under An Alias’ e ‘Inevitable Nightfall’ vuelven a subir las revoluciones con unos trabajos de riffs de densidad espectacular, pero siempre dejando un resquicio para que esa misma fuerza no asfixie la canción, sobre todo la última, en cuya segunda parte se aloja una brillante sección donde la interacción entre teclados y sección rítmica nos vuelve a dejar claro que para este disco la banda ha priorizado las atmósferas y la melodía. A lo anteriormente expuesto, ‘Said & Done’ eleva las apuestas con una segunda mitad que incluye uno de los mejores momentos del álbum, un fragmento donde Pensado y Winandy se alían con una ligera base electrónica para crear un momento de tensión trepidante excepcional, genialmente contrapuesto a la melódica línea vocal de Danilo, quien volverá a jugar sus cartas de forma magistral en ‘Not Free Enough’ cuando, junto a Spada, nos ofrece una sección de ensueño alrededor de la mitad del tema, contrastando de forma aún más acusada e impactante si cabe con el abrasador trabajo que Hidalgo venía desarrollando a las seis cuerdas. El tema en sí, por cierto, es una lección de empleo del doble bombo bien entendido por parte de Pensado.

Entre ambos, ‘Fragile State Of Peace’ vuelve a regalarnos un momentazo metalero con un dinámico medio tiempo basado en un implacable riff sobre el que se desarrollan la primera estrofa (ese recurrente: “We got a deal, we’ve got to put an end to this!”) y el estribillo; uno de esos riffs que te harán agitar la cabeza de forma inevitable y que se acelera hacia el final del tema, cuando Pensado vuelve a sacar el doble bombo a pasear mientras Herbert se sube a las octavas más altas de su garganta para, juntos, engendrar un impactante clímax.

Danilo vuelve a lucirse en ‘Inapt World’, sacando a lucir una expresividad poco común en un vocalista de metal tanto en uno de los mejores estribillos del disco como en la agresiva sección intermedia. Un tema con sabor a colofón que irá apagándose hasta desembocar en un curioso ‘First Things First’, pues nos coloca en la piel de una chica aparentemente secuestrada que contempla cómo su captor la acecha mientras le explica de forma críptica qué quiere hacer con ella. Un pasaje hablado que puede causar escalofríos si se escucha con auriculares, gracias a los efectos binaurales del estéreo y a los aterrorizados y desgarrados gritos de la secuestrada.

A continuación, ‘Shocking Deathbed Confession’, el último tema propiamente dicho del disco, es también el más largo con casi doce minutos, y nos lleva de vuelta a los Mindflow más netamente progresivos de sus primeros discos, y podría haber pertenecido perfectamente a ‘Mind Over Body’ en su desenfreno instrumental y vocal. Sin un estribillo claro, el tema podría palidecer frente a la riqueza melódica de los temas anteriores, pero está escrito de forma tan inteligente y variada en su vertiginosidad que, de hecho, se define como el colofón emocionante del disco, introducido por una ominosa voz que nos lleva a una escena de acción propia de una película de espionaje, y esa misma energía es transferida a la música que solo se permite un tenso respiro cerca del final.

Finalmente, ‘The Screwdriver Effect’ cierra el disco, ahora sí definitivamente, con otro pasaje hablado donde la intensidad dramática iniciada en ‘First Things First’ alcanza el punto de ruptura mientras el secuestrador explica a su desesperada e indefensa víctima las consecuencias fisiológicas de lo que planea hacerle con un taladro, empleando los títulos de los temas del disco para hilvanar su enfermizo discurso. Un original, curioso y efectivo cierre para un álbum que reiteró que en Sudamérica hay talento capaz de colocar su producción musical a la altura de la de sus colegas del norte del continente y del otro lado del Atlántico.

Por ello, fue más frustrante que Mindflow solo publicase un álbum de estudio más en enero de 2011 (‘365’, compuesto de temas que fueron publicando mensualmente durante el año anterior) que seguía la excelente estela que este ‘Destructive Device’ había dejado tras de sí, antes de desaparecer del mapa.
Astronomy Domine


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